martes, 13 de abril de 2010

Campesinado.

Transcurría un día como cualquier otro. La misma pocilga, las ratas y el campo. Había que levantarse temprano porque el patrón lo requería y había que ser puntual para que a uno no lo fajaran. Las manos cansadas y entumecidas ya eran costumbre y en nada impedían la continua labor. Unas hojitas de coca harían magia para apalear el cansancio y así poder responder al sr. Capital. Campesinado de tierras infinitas, campesinado del mundo. Hoy veo a mi padre, descendiente de campesinos, tomando un vino en la noche para aplacar ese cansancio de siglos, ese cansancio heredado. Ayer campesino, hoy, un burgués trabajador.

2 comentarios:

  1. Depende a que llamemos sufrimiento. Sinceramente no lo se.

    Un saludo.

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